EL PODER DEL COLOR
#07
BY SANDRA HEYMAN & ROCíO FONTANA
EL PODER DEL COLOR
Ahora bien, si cada producto o categoría nueva quisiera destacar por medio de su identidad visual diferenciada y una nueva combinación de colores, el mundo estaría lleno de cromatismo, pero muchos afirman que está sucediendo todo lo contrario: el color está desapareciendo del planeta. ¿Cómo es eso?
Múltiples estudios sugieren que el mundo se está volviendo menos colorido. La evidencia de que el color está disminuyendo se basa en un estudio del Colección del Science Museum Group quien encontró que el uso de gris, blanco y negro ha aumentado desde 1800. Cath Sleeman, ha examinado la evolución de más de 20 categorías de objetos, eligiendo los más empleados para estudiar cómo han variado desde el siglo XIX hasta la actualidad, y descubrió que los objetos que nos rodean son mucho menos coloridos, apreciando en la evolución, una severa disminución cromática.
Naturalmente, en parte se debe a los materiales – la madera, por ejemplo, casi nunca se emplea hoy en día para fabricar televisores o teléfonos – pero también es una cuestión de gustos. Si pensamos en cocinas de los años setenta o livings de los sesenta, con papeles pintados amarillos, verdes y marrones, observamos cómo el diseño actual se centra más en una armonía de tonos oscuros. Así, el gris se convierte cada vez más en protagonista. Nuestros hogares y nuestros escritorios son cada vez menos coloridos y esta “grisificación” comenzó a finales de los ochenta.
Muchas empresas comenzaron a utilizar cada vez más colores neutros y genéricos en la década de 1980 para producir en masa y atraer al mayor número posible de consumidores. Por ejemplo, Apple utiliza principalmente colores oscuros y neutros porque un iPhone en rosa chicle podría no resultar atractivo para todos. Actualmente, la mayoría de los automóviles que se fabrican son blancos, grises o negros – los tonos en escala de grises pasaron de menos del 50% en la década de 1990 a más del 75% en la actualidad – y el color de alfombra más popular es el gris. Además, las pinturas para interior más populares se encuentran en tonos de alabastro, lino o niebla.
El mundo está lentamente perdiendo sus colores a medida que el minimalismo y la moda monocromática invaden con tonalidades tenues. Tanto en el diseño interior como en el exterior, lo “moderno” parece venir de la mano de paletas monocromáticas. A medida que el minimalismo ganó terreno buscando “simplicidad”, también redujo la variedad de colores. Esta tendencia se evidencia también en la industria de la moda: los negros, blancos y grises son los colores más populares para todo tipo de prendas, divergiendo del color y alejando la atención de nosotros mismos. Así, estamos presenciando una disminución significativa en el uso del color en diversas industrias.
Los colores vivos tuvieron su auge en los años 80 y 90 con The United Colors of Benetton, y todavía hubo una última oleada a comienzos de los 2000 con las iMac. Curiosamente, mientras las películas de ciencia ficción suelen representar el futuro como un entorno monocromático, y las distopías literarias lo describen también desprovisto de color, nuestra cultura moderna adoptó esa misma paleta… pero por elección.
El gran problema radica en que el color tiene un enorme efecto en el cerebro humano, que va más allá del mero placer estético. Como vimos anteriormente, el color influye en varios aspectos, desde nuestras emociones hasta nuestra fuerza física e incluso nuestra frecuencia cardíaca. Estudios del BMC Medical Research Methodology encontraron que las personas que luchan contra la depresión y la ansiedad eligen el gris para representar lo que sienten, y al ser el más utilizado comercialmente en los últimos 30 años, en exceso podría generar sentimientos negativos en el total de la sociedad.
En su charla TED, Dagny Thurmann-Moe explica que el color influye directamente en nuestro humor y nuestra salud mental. Como mamíferos, tenemos una inclinación innata hacia la biofilia, es decir, la necesidad de generar una conexión con la naturaleza. Los verdes, azules, rojos y amarillos nos calman de manera instintiva, mientras que los grises pueden provocarnos cansancio, falta de concentración, ansiedad, estrés e incluso aislamiento. Su recomendación: ampliar la paleta de colores en nuestro entorno. No se trata de una cuestión estética, sino de un aspecto esencial para el bienestar.
Uno de los pocos lugares donde aún se emplean colores brillantes e intensos es en el branding corporativo y en los íconos de aplicaciones. Como explica Patricia Thenisch en su TED Talk sobre el poder oculto de los colores, el cerebro “piensa en colores”, por lo que conviene usarlos a nuestro favor. Para demostrarlo, relata un experimento personal: al reorganizar sus apps por tonalidad, logró ahorrar 22 horas a lo largo de un año.
¿Los colores vivos simbolizan algo? David Batchelor, en su libro Chromophobia, explica cómo en la cultura occidental – desde Platón y Aristóteles – se ha considerado que “el color es ajeno a los más elevados procesos de la mente occidental”. Desde el siglo XIX el color es descrito como secundario en las obras de arte. Lo primario era la forma y los colores, solo cualidades “orientales más que occidentales, femeninas, más que masculinas, infantiles, más que adultas. Los colores se asocian con el hedonismo, el apetito, no con la reflexión seria ni la consideración profunda”. Quizá la aversión al color en nuestra sociedad refleja la supremacía de lo racional, en donde el sector educado se aboca a lo importante y no a una cuestión que – equivocadamente – se ve como superficial o banal. Actualmente, el sector conservador muestra aversión a los colores, despreciando la bandera arcoíris y criticando los cabellos de tonos llamativos, tendiendo a la neutralidad y premiando la ambigüedad, en lugar de una opinión diferenciada.
Sin embargo, la pandemia parece haber desencadenado un incipiente retorno de colores vivos. Algunos incluso advierten que el color está regresando con más fuerza que nunca. Si bien aún no hay evidencia suficiente, podría haber dos ejes sobre los cuales el color estaría comenzando a emerger en la era post-pandémica: uno prefiere tonos suaves y envolventes, que evocan serenidad y amabilidad tras un período tan convulso; y el otro apuesta por colores más vibrantes y atrevidos, convocando a la energía y optimismo. En ambos casos, se incrementó la popularidad de tonos verdes, azules y rosas.
Como hemos recorrido, los colores poseen significados culturales y simbólicos tanto en tradiciones como en sistemas de identidad y pertenencia. En arte, diseño y publicidad nos apoyamos en gran medida sobre el color para transmitir emociones, profundidades y narrativas. En VEO Branding Company, la paleta de color es una herramienta clave a la hora de desarrollar una identidad de marca. Recomendamos utilizar el color eligiendo paletas estratégicamente para generar asociaciones en las marcas, mejorar la recordación y provocar respuestas emocionales.
En VEO Branding Company creemos que la efectividad de una campaña puede depender, en gran medida, de la elección de sus colores. El color deja de ser un detalle estético para convertirse en un recurso estratégico que define la identidad de una marca y su capacidad de conectar emocionalmente con las personas. Es un recurso clave para la consistencia omnicanal, ya que la coherencia cromática contribuye a la unificación de la experiencia de la marca, reforzando el mensaje y generando un momento más memorable, facilitando el reconocimiento. Adicionalmente, debe ser cohesivo entre audiencias (desde la marca empleadora hasta el cliente que contrata el servicio más premium).
En VEO Branding Company creemos que el color, lejos de ser un dato trivial, es una necesidad primal con utilidad tribal y que debe ser utilizado en su justa medida por las marcas para balancear quiénes son y qué saben hacer, con lo que el usuario necesita que resuelvan.
Sandra Heyman & Rocío Fontana
Sr. Brand Strategist & Sr. Designer